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Casualidades


Coincidencia, casualidad, paralelos simbióticos, sincronismos, principios vinculantes no casuales...podemos llamarlo como queramos, la cuestión es que este baile de hechos aparentemente inconexos que se unen de forma prodigiosa, ocurre constantemente a nuestro alrededor.
Somos testigos de coincidencias, protagonistas otras veces, y en ninguno de los casos nos deja indiferentes el deslumbrante destello de la gran trama invisible de la que formamos parte.


Contaba el actor Anthony Hopkins que pocos días después de firmar el contrato para protagonizar una película se encontraba en Londres, vagando de librería en librería.
La película estaba basada en una obra de George Feifer: “La chica de Petrovka” y Hopkins pensó que además del guión sería una buena idea leer la obra original. Así que durante toda una mañana recorrió las librerías de Londres sin encontrar un solo ejemplar de “La chica de Petrovka”.
Cansado, decidió dar por terminada la búsqueda y coger el metro para volver a su casa. Se sentó a esperar en un banco de la estación de Leicester Square y entonces vio que en el asiento de al lado había un libro abandonado.
Cuando leyó la portada, no dada crédito: “La chica de Petrovka” estaba entre sus manos.
Pero aquí no acaba la cosa.

Dos años después, durante el rodaje en Viena de algunas escenas de la película, Hopkins recibió la visita del autor de “La chica de Petrovka”. George Feifer le comentó que curiosamente, no poseía ni un solo ejemplar de la novela. Dijo que había prestado el último a un amigo de Londres y que este lo había perdido.
Feifer añadió que estaba especialmente dolido por la pérdida, ya que este ejemplar estaba repleto de anotaciones manuscritas en los márgenes.
Anthony Hopkins se levantó y buscó en su mochila “¿Es este?” preguntó.
Efectivamente el libro que había encontrado en la estación de metro, era el que el autor había garabateado.

Estoy segura de que muchos de vosotros podríais contar casualidades de igual calibre, entonces ¿se trata de cabriolas del azar? ¿pura “casualidad”? ¿o estos hechos coincidentes siguen unas reglas?.

Los que tiran de los hilos


Cuando hablamos de coincidencias debemos citar tres nombres: Paul Kammerer, Wolfgang Pauli y Carl Gustav Jung.

Paul Kammerer era director del Instituto de Biología Experimental de Viena y fue uno de los primeros en interesarse por las casualidades hasta el punto de establecer las bases de las reglas que las rigen. De estos escarceos surgió su teoría de la “serialidad”.
Kammerer sugería que las coincidencias ocurrían agrupadas en series o “racimos” y definió la serialidad en los siguientes términos: “ Es la recurrencia de cosas o hechos iguales o similares en el tiempo y en el espacio. La serialidad es ubicua y continua en la vida, la naturaleza y el cosmos. Es el cordón umbilical que conecta el pensamiento, la sensibilidad, la ciencia y el arte con la matriz del Universo que nos dio a luz”
Tres décadas después Pauli y Jung retomaron los trabajos de su predecesor.

Wolfgang Pauli, recibió el Nobel de física en 1945, por su trabajo denominado “principio de exclusión o principio de Pauli”, además escribió sobre “Los principios fundamentales de la física cuántica” y en 1932 propuso la existencia de las partículas fotónicas llamadas “neutrinos”.
Pauli entró en contacto con Jung, cuando después de su divorcio cayo en una profunda crisis y siguiendo el consejo de su padre, se puso en manos de afamado psicoanalista, discípulo rebelde de Freud, Carl Gustav Jung.

Fue este último quien perfecciono la definición de Kammerer y tradujo la “Serialidad” por “Sincronicidad”.

La definición resumida de este concepto viene a ser: “El desarrollo simultáneo de dos hechos significativos pero no conectados causalmente [...] una coincidencia en el tiempo de dos o más hechos no relacionados causalmente que tienen un significado idéntico o similar”. 

Lo que resulta curioso al indagar en la obra de estos eruditos es que, aunque todos abordan las coincidencias desde puntos de vista diferentes, los tres apuntan a una fuerza misteriosa empeñada en ordenar los acontecimientos. Un orden superior que “ordena” el caos de manera constante.


Casualidades

Kammerer dividió las coincidencias en dos categorías: las triviales y las significativas.
Y de estás últimas fue Jung quien se ocupó en matizar otras tres subdivisiones:


Las tres categorías de Jung 

La coincidencia no causal del estado anímico de la persona con un suceso exterior que acaece al mismo tiempo y que se corresponde con dicho estado psíquico. 

Por ejemplo: Si uno cree que tiene mala suerte y no dejan de aparecer ante él símbolos clásicos de mal augurio como gatos negros, espejos rotos etc.

Su estado anímico corresponde con los sucesos exteriores de forma casual.


La coincidencia de un estado psíquico con un suceso objetivo que se corresponde con aquel, pero que el sujeto no puede percibir. 

Por ejemplo: Se trata de casos de clarividencia o precognición en los que se augura un acontecimiento que se cumple a posterioridad.


La coincidencia de un estado psíquico con un suceso exterior futuro.
Por ejemplo: Son casualidades casi proféticas que se prolongan en el tiempo, y que suelen vincular a personas, aquellas que normalmente, nos llevan a decir “el mundo es un pañuelo”.

Jung en su ensayo: “Sincronicidad. Un principio vinculante no casual” indaga sin miedo en esas “leyes naturales” que rigen la “zona inexplorada, oscura, dudosa y rodeada de perjuicios” que son los reinos de la psique profunda y su relación con el universo.

Partiendo de la base de que este mundo se rige por la ley de causa-efecto, expone como la observación empírica y la experiencia directa demuestran que no siempre se produce lo esperado. Que la casualidad interviene en formas de lo más variopintas, tales como precognición o sueños clarividentes. Y sobre todo Jung investigó las repercusiones que tiene en nuestra psique la presencia más o menos constante de este tipo de manifestaciones casuales.
Sus conclusiones son realmente inquietantes.

Jung afirmó que ante una coincidencia podemos reaccionar de tres maneras:
Tomarla como una “mera casualidad” y cerrar nuestra mente a la evidencia.
Podemos llamarla magia o telepatía, lo que no es mucho más útil.
O podemos entenderla como el punto de partida para investigar la existencia de un principio vinculante “acausal” y profundizar en el hecho.

Y es aquí donde entramos en el reino de la conjetura cuasi cuántica.

Horizonte de sucesos


¿Y si el tiempo y el espacio no fuesen tan reales ni tan objetivos como creemos? ¿Y si solo son conceptos en los que puede intervenir la psique humana?
Percibimos la casualidad con la mente, de modo que, hasta cierto punto se trata de un hecho psíquico. Pero los hechos “casuales” siempre se obtienen de sucesos externos.
¿Tiene la coincidencia un sentido propio? ¿Ajeno a nuestra interpretación subjetiva?
O por decirlo de otro modo ¿Ocurren casualidades de las que nunca seremos conscientes y que afectan a nuestra vida de forma independiente a nuestra voluntad? ¿Son las casualidades un “ente” per se? Y en ese caso ¿estamos sometidos a ellas? ¿podemos aliarnos con esa fuerza imparable que parece intervenir en el orden de los acontecimientos?

La ciencia, una vez más nos dará las respuestas. Entre tanto, si os apetece conocer casos espectaculares, os recomiendo el libro de los investigadores británicos Martin Plimmer y Brian King: "Más allá de la coincidencia" en el que recopilan un amplio repertorio de los más llamativos e intrigantes hechos coincidentes ocurridos en todo el mundo.

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