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Mediums I


Estamos acostumbrados a verlos como personajes secundarios en thrillers psicológicos de bajo presupuesto. La aparición de un vidente, de un médium que resuelve el caso o aporta pruebas del paradero del cadáver, parece a simple vista una salida fácil para guionistas con limitados recursos imaginativos.

Pero la realidad se empeña en contradecir a la lógica y emborrona los márgenes de los libros de historia con nombres de personas, casi desconocidas, dotadas con la capacidad de ver el futuro, de percibir objetos lejos del alcance de los sentidos.
Son ellos, los videntes vinculados a la investigación policial, de quienes hoy vamos a ocuparnos, repasemos algunos casos.


Las damas primero


Greta Alexander


No cuesta mucho imaginar que cuando el escéptico detective William Fitzgerald llamó por teléfono a casa de la vidente Greta Alexander, el verano de 1983, había descartado cualquier posibilidad de resolver el caso que lo había mantenido en vilo los últimos meses.
Fizgerald investigaba la desaparición de Mary Cousett, una joven de 28 años que la tarde del 24 de abril, salió de viaje con su novio Stanley Holliday, y de la que no se tenían noticias desde que llamara por teléfono para confirmar que estaban camino de Peoria.

La policía sospechó de inmediato de Stanley y lo sometió a un exhaustivo interrogatorio, que dio como resultado la confesión del asesinato de Mary Cousett.

Stanly y Mary discutieron durante el viaje, en algún punto de la carretera el conductor había detenido el coche en el arcén y la había emprendido a golpes con su novia.
Mary asustada salió del vehículo y echó a correr, pero Stanley no estaba dispuesto a consentir que escapara. Abrió la guantera, agarró un destornillador y salió tras ella. Cuando le dio alcance, la apuñaló brutalmente y luego arrojó el cadáver a una ciénaga cercana.

Stanley Holliday se negó desvelar el lugar exacto donde se encontraba el cuerpo de Mary, así que la policía rastreó durante semanas, la zona de 35 kilómetros de carretera, sin obtener resultado.
Lo peor era que el juez encargado del caso, advirtió al detective Fitzgerald de que los plazos legales que permitían retener al asesino, estaban a punto de expirar a menos que aportasen pruebas tangibles que respaldaran la confesión de culpabilidad.
Así que Fitzgerald estaba entre la espada y la pared.
Fue entonces cuando recurrió a Greta Alexander.

El cuerpo será encontrado en un terraplén, cerca del agua. La cabeza está separada del cuerpo. Le falta una pierna o un pie”- aseguró la médium en pleno trance.
Añadió además que en la escena figuraría una “escuela” y que el hombre que encontraría en cadáver de Mary “tendría una mano mala”.

La vidente, apuntó más de ciento veinte impresiones psíquicas que el detective Fitzgerald anotó a medida que ella hablaba. Cuando Greta salió del trance visionario, el policía le tendió un mapa de la zona y preguntó: “¿Pero donde está el cuerpo? ¿Puede verlo?”. La mujer señaló con un lápiz el mapa y trazó un círculo sobre uno de los cuadrantes “Siento que está aquí” dijo.

Fitzgerald atónito, observó de nuevo el mapa, aquella zona había sido rastreada varias veces por sus hombres, y estaba completamente seguro de que allí no había nada.
Pero Greta insistió en marcar el punto exacto donde hallarían el cadáver, así que Fitzgerald ordenó que una patrulla regresara de inmediato.

Tres horas después el cuerpo sin vida de Mary Cousett, era encontrado en el lugar exacto que Greta Alexander había descrito.
En un terraplén, junto a un río, en condiciones idénticas de desmembramiento y posición.
Lo escalofriante es que a pocos metros del terraplén, había un edificio en ruinas que había sido una escuela y que el policía que descubrió el cadáver “tenía una mano mala”.
Steve Trew se había herido varios dedos con una presa taladradora, hacía algunos días.

Greta Alexander de Delavan, Illinois, cuyo extraño don se desarrolló en su juventud, poco después de que un rayo la golpease en plena tormenta, interviene a lo largo del año en más de 200 casos criminales, ha colaborado con distintas agencias policiales.
Sus éxitos se cuentan por centenas y abarcan todo el espectro del crimen, desde robos, hasta secuestros y asesinatos.


Florence Sternfels

Otra variación del poder visionario es la psicometría. A diferencia del médium puro y duro, que recibe “imágenes” sin mediación de ningún objeto de la víctima, los psicometras necesitan tocar alguna pertenencia del desaparecido para poder determinar su paradero. Una de las más extraordinarias psicometristas de la historia fue sin duda, Florence Sternfels.
Florence, nació en 1891 en un pequeño pueblo de Nueva jersey, allí en Edgewater comenzó su carrera que se prolongó durante cuarenta exitosos años.
Sternfels cobraba en sus inicios, un dólar por cada adivinación, y en la puerta de su casa tenía colgado un cartel que decía: “Florence. Psicometrista. Entre”.
Así comenzó a crecer su fama, que traspasó incluso las fronteras del continente.

Además de colaborar con la policía en más de un caso de asesinato, sus servicios se requirieron para el campo del espionaje. En la Segunda Guerra Mundial, Florence advirtió al ejercito de que en sus instalaciones de Iona Island, en Nueva York, se había colado un saboteador que llevaba dinamita en su caja de comida.
Por cierto que, la advertencia resultó ser correcta.

Aunque la dulce Sternfels prefería poner sus dones al servicio de la ley, alguna vez coqueteó con los bajos fondos. Como cuando el famoso gángster Dutch Schultz la reclamó el 21 de octubre de 1935, para unas consultas privadas. Al parecer la médium le alertó sobre su muerte inminente: “Permanezca lejos de Newark” dijo.
Pero el capo no hizo caso y dos días después era asesinado en un bar de la localidad de Newark.

Su buena relación con la policía (a la que no cobraba el dólar de rigor por sus trabajos) la hizo merecedora de declaraciones públicas como estas:
El comisario de Edgewater, John A. Nash dijo en 1964: “Florence ha ayudado a la policía de Nueva Jersey durante más de treinta años, su reputación es intachable”
Incluso los investigarores más escépticos se rindieron ante Florence:
Hereward Carrington, director del Inbstituto Psíquico Norteamericano afirmó de ella: “ Estoy convencido de que posee notables habilidades psíquicas y de su completa honestidad y sinceridad”
Hasta tal extremo llegaba su crédito, que en el discurso de un caso en el que trabajaba para el departamento de Filadelfia, se cuestionó la veracidad de sus predicciones, varios departamentos de policía de Estados Unidos, Inglaterra y Francia, salieron en su defensa, acreditando sus dotes.

Florence Sternfels murió en 9 de abril de 1965, a los setenta y cuatro años.

A los nombres de Greta Alexander y Florence Sternfels, podemos sumar los de Dorothy Allison (que inspiró a Spielberg el personaje de la médium que aparece en “Poltergueist”), Eugenie Dennis, la extravagante y atractiva médium de Archinson, o Nancy Czelli especialista en descripciones exactas de asesinos.

La rocambolesca historia de Ágatha Christie

Para terminar, no me resisto a contaros una de las más glamorosas anécdotas que forma parte de la historia de la mediumidad, porque en ella se ven envueltos Sir Arthur Conan Doyle y su amiga, la gran dama de la novela policíaca Ágatha Christie.
De todos es sabido que la noche del 3 de diciembre de 1926, Ágatha Christie se subió a su Morris Crowley y desapareció.

La policía encontró el coche abandonado en una carretera, con la chaqueta de la escritora en el interior y durante once días nadie fue capaz de dar con el paradero de Ágatha.
Su buen amigo Conan Doyle, preocupado en extremo por tan misteriosa fuga, consultó con un afamado psicometrista británico: Horace Leaf.
Sin mencionarle el nombre de la escritora, le dio uno de sus guantes y le preguntó qué podía decirle sobre el propietario del guante.
Horance Leaf lo sostuvo unos instantes y murmuró un nombre “Ágata” dijo y a continuación afirmó: “Hay problemas conectados con este guante, la persona propietaria está muy confusa. No está muerta como piensan muchos. Está viva. Creo que saldrá a la luz el próximo miércoles”.

Conan Doyle recibió efectivamente noticias de ella, al miércoles siguiente.
A pesar de que para muchos sigue siendo una incógnita, el paradero de Ágatha Christie durante los once días de diciembre de 1926. Ella afirmó haber sufrido un ataque de amnesia. Cuando la encontraron estaba en el hotel de un balneario, y se había registrado con nombre falso.



Bibliografía: "The Psychics" Time Life Books Inc.

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