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Día de Difuntos


La celebración del 2 de Noviembre, denominada Día de Difuntos, tiene un origen mucho más antiguo que el que se atribuye a San Odilon, abad del Monasterio de Cluny, quien en el año 998 la instauró como festividad de los muertos, para toda la cristiandad.



Dice la tradición romana que las Lemurias fueron instituidas por Rómulo para dar paz al espíritu de Remo (por eso quieren creer que la forma originaria fue Remurias), que airado contra su hermano y asesino, no le dejaba vivir en paz. Lo que le reclamaba el hermano muerto era que le rindiese culto: con eso se aquietaba. 
Hagamos hoy un ejercicio de memoria en honor a los muertos, por si alguno de nuestros antepasados tuviese aún cuentas que saldar. 

De lo que se trata en el Día de Difuntos es de rendir culto a los muertos recientes, esos que aún no han completado el paso previo del purgatorio. Según los Romanos estos espíritus aún no habían sido elevados a la categoría de manes, sino que vagaban entre los mortales en calidad de lémures (espíritus que aún no habían alcanzado el honor de los altares familiares). 

Los espíritus de los muertos de mala índole que se habían dedicado a hacer el mal en vida y seguían su mala inclinación después de muertos, recibían el nombre de larvas. Los manes más antiguos eran ya auténticos dioses domésticos: se les conocía con el nombre de lares. 

De ellos deriva el nombre de “llares”, llamados también “ollares”, que son las cadenas del hogar de las que cuelgan las ollas. Con la palabra “lar” y “llar” se designó también el fuego doméstico; este significado se transfirió luego a la palabra “hogar” (derivada de focus =fuego). 

Queda claro que de los lares dependían la olla y el fuego. Por eso recibían un culto tan intenso y continuo. 
En la doble fiesta cristiana de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos se une el culto de los manes (con el nombre de Mania se conocía a la madre de éstos y de las larvas) y de los lémures. Los primeros serían los santos sin canonizar, y los segundos serían los fieles difuntos, que a efectos del culto expiatorio que en su beneficio se celebra en el mundo cristiano, reciben el nombre de Ánimas del Purgatorio, o simplemente Ánimas. 

La razón de ser de la fiesta cristiana de los difuntos es precisamente el culto en sufragio por las penas que aún tienen pendientes de pagar por el mal que voluntaria o involuntariamente hicieron en vida. Precisamente las indulgencias aplicables a los difuntos apuntan a ese objetivo. El fondo doctrinal es siempre el mismo: los vivos estamos en deuda con los difuntos; y si no cumplimos con las obligaciones que dimanan de esa relación deudor-acreedor, no nos dejarán en paz porque ellos tampoco podrán descansar en paz. 

La doctrina del purgatorio y de las almas que han de purgar en él sus culpas durante un tiempo, no es pues un invento del cristianismo, sino una adaptación (como tantas otras) del dogma cristiano a unas creencias ancestrales y casi universales. 

USOS Y COSTUMBRES

Las civilizaciones prehispánicas de América también rendían culto a la muerte. Los misioneros cristianos tuvieron que adoptar muchos de los ritos y símbolos indígenas para lograr su evangelización. 
En México, por ejemplo, se tiene la costumbre de visitar los sepulcros y realizar actividades casi-festivas: se ornamentan los camposantos; se rinde culto al árbol de la vida; se consumen “calacas de azúcar” o cabezas de esqueletos que llevan en la frente el nombre de quien recibe el obsequio y, finalmente, se recuerda a los familiares. En algunas comunidades indígenas mexicanas está muy arraigada la creencia de que en el más allá se otorga al difunto licencia para visitar a sus parientes que aún viven en el mundo terrenal; se trata pues de un huésped ilustre al que hay que agasajar y brindarle toda clase de atenciones. 

A las 12 horas de día 31 de octubre hasta medio día del 1º de noviembre se dedica el festejo a los niños, poniendo en el altar alimentos como: espumoso chocolate, pan de yema, dulces, tamales y algo especial del gusto del angelito: Se riegan flores de la puerta de la casa al altar para que el niño identifique su hogar y como señal de bienvenida.El día 2 de noviembre a las 12 horas, se escuchan las detonaciones de cohetes en señal de que los angelitos se están despidiendo y se inicia el repique de campanas para el recibimiento de adultos. 

En Ecuador, las familias preparan para la ocasión diferentes platos especiales como la colada morada (especie de crema de maíz negro, clavos de olor, raspadura, babacos, moras, piñas, canela, hojas de arayán, etc), Guaguas de Pan (ver la foto), frijoles, arroz, tamal y carne de cuí (o cuy, roedor pequeño también conocido como cobayo ("el Conejillo de Indias"). 
Visitan cementerios como es el caso del poblado de Calderón en las afueras de quito; sobre las tumbas de los familiares se pone la mesa y los visitantes pasan todo el día en esta degustación popular y en estrecho contacto con sus seres queridos. 

En España, en determinados lugares de Castilla sobre todo, existe la creencia de que los difuntos salen de sus tumbas la noche del 2 de noviembre y maltratan a los vivos que se han atrevido a salir a la calle. 

En Zamora sigue viva la tradición de la procesión de las ánimas, en la que la cofradía del mismo nombre desfila la noche del 2 de noviembre por las calles del cementerio mientras se reza el rosario a la luz de las velas. 

Ese día, en Galicia, las ánimas asisten a los sufragios de Difuntos que se celebran en las parroquias. 
En Alicante hay una superstición que consiste en poner velas encendidas en las casas durante los días previos a la noche de Difuntos, para que las almas encuentren su camino. 

En Tajuelo, en la provincia de Soria, se lleva a cabo el Ritual de las Ánimas al anochecer del día 1 de noviembre. El toque de muertos de las campanas acompaña al vecindario durante todo el proceso. Hay tres grupos: casados, solteros y resto de población. Los dos primeros grupos son los protagonistas principales puesto que son los encargados de ir cantando, salteándose las estrofas, el llamado Cántico de las Ánimas que leen a la luz de las velas en cuatro enclaves de la localidad. Al terminar cada Cántico todos rezan un padrenuestro que inicia el párroco, rezo en el que son acompañados por el tercer grupo que presencia a unos metros a los dos coros y que portan sobre las manos velas protegidas por botes, calabazas o cacharros de barro agujereados.Al término de cada Cántico resuena por tres veces la campanilla y al finalizar el ritual, el sacristán reparte bollería y vino entre los asistentes. 

En BETANZOS, Coruña. Se celebra la multitudinaria feria de las castañas. Cuentan los cronistas que los orígenes de la feria se remontan al año 1465, cuando un privilegio de Enrique IV le otorgó a la ciudad la facultad de realizar una feria franca anual durante el mes de noviembre. 

En AMEZKETA, Guipúzcoa. El encendido de las 'argizaiolas' es una de las pocas tradiciones religiosas ancestrales que todavía se mantienen vivas en nuestro mundo rural. La 'argizaiola' es una especie de vela, compuesta por cera de abeja y enrollada en una tablilla de madera, que cada año, en conmemoración del Día de los Difuntos, se encendía en las sepulturas de los antepasados en recuerdo e invocación de sus almas.    

En SANT FELIU SASSERRA, Barcelona. Situado a medio camino entre Vic y Manresa, en la comarca barcelonesa del Lluçanès, Sant Feliu Sasserra es un pueblecito con poco más de 600 habitantes que cada año vuelve a la época medieval gracias a su Feria de las Brujas. El festejo se inicia la noche del lunes 31, cuando una bruja desciende del campanario, situado en la Plaza de la Iglesia, realizando la «Invocación de la fiesta» y dando la bienvenida a los presentes. El espectáculo corre a cargo del grupo Alea Teatre y continúa con un recorrido por los rincones más tenebrosos del pueblo, donde un grupo de actores trata de recrear algunas de las leyendas del lugar, como La Cruz Roja y las Señoras de Agua. 

En COCENTAINA, Alicante. La de este año será la 659 edición de una feria que presume de contarse entre las más antiguas de Europa. Sus orígenes se sitúan en el año 1346, gracias a otro privilegio feudal de exención del pago de tributos: el que el rey Pedro IV el Ceremonioso le concedió a su tío, el almirante Roger de Lauria, señor de Cocentaina. Cada año acude cerca de medio millón de visitantes a esta localidad situada en el interior de la provincia de Alicante, en las faldas de la Sierra de Mariola, para disfrutar de los diferentes espectáculos teatrales, deambular entre los puestos del mercado medieval y del zoco árabe o disfrutar de exhibiciones de cetrería, entre otras muchas actividades. 

En ISTÁN Y OJÉN, Málaga. Pueblos blancos de la Serranía de Ronda, Istán y Ojén conservan -a su manera- una de las costumbres más extendidas por toda la geografía nacional llegado el mes de noviembre: la de asar castañas. Y lo hacen en grupo, con los amigos y la familia. En Istán, el primero de noviembre es el día de lo que llaman «La Tostoná»: muchas familias se reúnen espontáneamente desde por la mañana en el área recreativa de La Ermita, a las afueras del pueblo, para asar castañas y beber aguardiente. Los más jóvenes se tiznan la cara. 

Lo que no se puede negar es que en España la festividad se ha convertido en un recordatorio de quienes se fueron y en un disfrute de los paladares de los que seguimos aquí: huesos de santo y buñuelos (en toda España), postre de gachas (en Jaén), castañas asadas (en Galicia, Cataluña y Castilla), arrope y calabazate (en Murcia), rosquillas de anís y patatas asadas (en Salamanca), arrop y talladetes (en Alicante), borrachillos (en Andalucía), panellets ( en Cataluña) y rosaris (en Mallorca) son sólo algunos ejemplos de lo que se cuece por estas fechas. 


¿QUÉ SIGNIFICA SER DIFUNTO?

Defunctus es una palabra latina compuesta del prefijo de, que indica separación, más functus, participio perfecto pasivo del verbo fungi, (deponente) que significa ocuparse en alguna cosa, desempeñar algún cargo.    
Según la etimología, pues, difunto significaría el que está retirado de sus funciones. Lo que hoy llamamos jubilado. 
En efecto, antes de utilizar los romanos el adjetivo defunctus para denominar al que había muerto, lo utilizaron para referirse al que se había retirado de un negocio, de una actividad, y por extensión al que había acabado esa actividad. 
En rigor, pues, difunto no es el que se ha acabado, sino el que ha acabado aquello que se esperaba de él. El que ha dejado cumplida su misión en este mundo. En realidad es la denominación más positiva y elogiosa que se puede dar al muerto. El sinónimo más próximo, finado (derivado de fin), le rebaja ya bastante. 
La variedad de nombres dados al difunto se debe al esfuerzo por disfrazar y adornar una realidad que tanto cuesta aceptar. 
Los más comunes son: muerto, finado, fallecido, extinto; occiso e interfecto (si lo ha sido violentamente). 
De la misma familia léxica de difunto, tenemos función, funcionar, disfunción, fungible, FUNCIONARIO...

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