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Fantasmas Japoneses

Las historias de fantasmas son un elemento fundamental en las culturas de todo el mundo. Temidos, perseguidos o venerados los espíritus han sido asociados a lugares y personas a los que han marcado con el estigma de malditos. En los últimos años el cine ha recuperado algunas de estas leyendas de fantasmas vinculadas al folclore Japonés. Decididos y apasionados los espectros Japoneses vuelven a la tierra con intenciones malévolas, casi siempre animados por la sed de venganza hacia los que han sido injustos con ellos en vida.




Un hombre despechado por el rechazo de su joven amante, la mata y tira su cadáver al interior de un pozo. Desde entonces cada noche el fantasma de la doncella sale del pozo, se sienta en el brocal y con voz lastimera comienza a contar hasta nueve, al acabar su letanía desaparece.

Este argumento podría atribuirse a cualquier guionista de nueva generación influenciado por la moda de las películas de terror adolescente. Si añadimos una sucesión de efectos especiales pensados para provocar el susto fácil y una música efectiva, tenemos sin duda el próximo éxito de la temporada.
Pero si miramos más de cerca y descubrimos que el señor despechado era un poderoso samurai del siglo XVIII llamado Aoyama Tessan y que la joven que rechaza sus proposiciones amorosas es la bella Okiku, la historia toma un cariz mucho más aterrador.
Lejos de las pantallas y de la oscuridad de las salas de proyección perviven las viejas leyendas de fantasmas como parte primordial de la cultura popular Japonesa.

Aoyama estaba apasionadamente enamorado de una de sus sirvientas, la joven Okiku, pero ella no le correspondía así que el samurai ideó un plan para obligarla a yacer en su cama.
Entre sus posesiones más valiosas contaba una colección de platos Holandeses de los que Okiku era responsable.
Dos veces al día se encargaba de limpiarlos y ordenarlos según el mandato de su señor, pero Aoyama cansado de los continuos desplantes de la muchacha escondió uno de los platos y pidió a Okiku que llevase la colección de porcelana a su presencia. Cuando contó los platos y se dio cuenta de que faltaba uno Okiku rompió a llorar desesperada, volvió a contarlos pero solo habían nueve y por muchas veces que los contara seguían habiendo nueve.
Aoyama la acusó de haber perdido el plato que faltaba y le dijo que si se convertía en su amante le perdonaría la vida que era el pago por un delito de aquel calibre.
Pero Okiku no consintió y en un arrebato de Furia el samurai la atravesó con su espada y arrojó el cadáver al pozo de su jardín.
Torturado por las constantes apariciones del fantasma de su amada y por el recuerdo de su culpa pidió ayuda a un vecino que le propuso exorcizar el pozo.
Una noche, se escondió junto a este y esperó a que saliera de su interior el espíritu de Okiku. La muchacha acudió puntual y comenzó a contar hasta nueve.
En ese instante, el vecino gritó: “¡Diez!” y el espectro desapareció para no volver.

Al contrario que en las historias clásicas de fantasmas Occidentales en las que los difuntos se presentan como vaporosas figuras que arrastran cadenas por los pasadizos de algún castillo, los fantasmas Japoneses tanto si son “intermedios” como “infernales” han trascendido el ámbito de la religión y el folclore para materializarse como entes reales que afectan a otras facetas de la cultura nipona.
El origen de estos seres espectrales lo encontramos en la religión animista de este país. El sintoismo, sostiene que a los espíritus humanos les espera un mundo eterno, pero contempla la posibilidad de un espacio intermedio entre el cielo y el suelo.
La zona nebulosa en la que viven los fantasmas es un lugar no carente de peligros, así el sintoismo cuenta con numerosos rituales destinados a aplacar los furibundos espíritus de los muertos y su sed de venganza.
El arte ha venerado esta faceta de la existencia preternatural abriendo las puertas a los espectros tradicionales. El Teatro Kabuki es depositario de la cultura japonesa desde su inicio en el siglo XVI, sus representaciones están plagadas de fantasmas que siglos después trascendieron las salas de teatro e inspiraron uno de los más exquisitos temas en grabados de madera de Boj.

En los cuentos de fantasmas japoneses las mujeres aparecen con mayor frecuencia que los hombres, pero casi siempre lo hacen bajo una luz maléfica. O bien son victimas que vienen a reclamar venganza o espíritus malignos que se dedican a vagar atormentados por sus pecados.
A esta categoría pertenece el relato de Santo Kyoden “Una espectral historia de venganza en la Ciénaga de Asaka”. Kyoden se inspiró en una de las leyendas más representativas del panteón oriental y a partir de su publicación en 1803 se instauró como un clásico del teatro Kabuki.
La trama habla de la pérfida esposa de Kohada Koheiji, el amante de esta mató a su marido y luego se casó con ella. Pero desde entonces la malvada pareja vive atormentada por el fantasma de Koheiji, al final se cumple la venganza del espectro y mueren de forma violenta.

La realeza y el vulgo se mezclan en estas historias en las que si algo hemos de aprender es que nadie esta libre de la ira de un espíritu y sobre todo que la venganza aplaca a los muertos.
Sirva de ejemplo una de las obras de Kabuki que a lo largo del S XIX ocupó el numero uno en el ranking de popularidad.
La princesa Takiyasha era hija de un noble que murió en el año 940 durante el transcurso de una rebelión fallida contra su señor feudal. Después de la muerte de su padre Takiyasha y su hermanastro conocieron al espíritu de una rana hechicera que utilizó la brujería para ayudarles a planear una estrategia con la que vencer a los enemigos de su difunto padre.
Los espíritus conjurados para este fin se encerraron en palacio junto a la princesa y desde allí desplegaron sus acciones.
Pero un guerrero llamado Mitsukuni descubrió la intriga y atacó el palacio.
La princesa Takiyasha luchó contra Mitsukuni lanzando sortilegios que convocaban a los fantasmas de antiguos guerreros y a otras criaturas diabólicas, pero tras una encarnizada batalla Mitsukuni se proclamó vencedor y acabó con los humanos y sus aliados espectrales.

Sea coronados por la inocencia, consumidos por odios ancestrales o en busca de justicia, los fantasmas Japoneses siguen entre nosotros, aunque hayan cambiado los bordados de sus kimonos por harapientas ropas de atrezzo y los gemidos lastimeros por gritos distorsionados en Dolby Sourround.

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