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Fantasmas

Tanto si sois un espíritu favorable o un maldito trasgo.Tanto si traéis aires del paraíso o ráfagas del infierno.Tanto si vuestras intenciones son malvadas o bondadosas.Habéis venido en una forma tan cuestionable que hablaré con vos

Hamlet el personaje de Shakespeare se dirigía en estos términos al fantasma de su padre, reflejando en esta salutación las inquietudes que suscitó la existencia de seres espectrales durante la época Isabelina. Al margen del discurso teatral, estas cuestiones siguen presentes en cuanto tiramos de la sábana: ¿De donde vienen los fantasmas? ¿Son demonios? O como dice Lady Macbeth a su señor, cuando este se asusta ante el fantasma de Banquo “son la auténtica imagen de vuestro miedo”?

Si consultamos el censo de fantasmas que siguen empeñados en visitar a sus familias, aún a pesar del paso de los siglos, comprobaremos que la casa más transitada del mundo es la de los Bowes Lyons, condes de Strathmore. Su austero e inquietante castillo de Glamis se halla enclavado en Escocia, en County Angus.

Los oscuros pasadizos de esta construcción aparecen perfectamente descritos en Macbeth, donde el autor sitúa el drama de su obra cumbre. Pero al margen de las muertes causadas por la magistral pluma de Shakespeare, hay otros los seres que vagan por sus estancias, gentes con nombres y apellido que en vida caminaron sobre sus piedras como siguen haciéndolo desde más allá de la muerte.

Uno de ellos es el rey escocés Malcom II, que vivió en el siglo XI y murió apuñalado en Glamis. Se dice que en una de las innumerables salas del castillo pueden verse aún las manchas de su sangre. Existe constancia de otras apariciones en el mismo lugar: una mujer vestida de gris que llora sin consuelo, un niño negro y uno de los condes de Strathmore que al parecer jugó y perdió en una mano de cartas contra el diablo.

Y sin duda el más inquietante de los fantasmas de Glamis, la sombra de un niño deforme que fue encerrado junto con su familia en una habitación y murió lapidado días después.
Pero los Bowes Lyons no son un caso aislado, en las Islas Británicas existe abundante documentación respecto a fantasmas asociados a familias o casas, tal vez uno de los más conocidos sean las Banshees.

Su confusa leyenda proviene de Irlanda y el nombre que las identifica es una derivación del gaélico Bansidhe que significa “hada”. Estos espíritus gimientes presagian tanto la muerte como hechos benéficos, de ahí que su aparición sea motivo de controversia aunque en la mayoría de las ocasiones tanto sus perversas carcajadas como los gemidos lastimeros son signo de desgracia.

En el siglo XVII Lady Ann Fanshawe viajó hasta Irlanda para visitar a su amiga Lady Honora O´Brien. La convidada se encontraba en su dormitorio cuando escuchó una voz misteriosa al otro lado de la ventana. Al mirar a través del cristal vio una mujer que parecía suspendida en el aire. El cuerpo del fantasma estaba difuminado por la neblina, pero su rostro iluminado se distinguía con toda claridad: era joven y hermosa, de piel blanca, ojos verdes y sobre su pálido rostro caían los rizos de una abundante melena pelirroja.

A la mañana siguiente Lady Ann relató a su anfitriona el encuentro con la mujer de la ventana, pero Lady Honora no se sorprendió.

Explicó que unos siglos antes, aquella joven fue seducida y muerta por el señor del castillo y su cuerpo estaba enterrado junto a la habitación que ocupaba Lady Ann.Según creía el espíritu de la muchacha se había quedado en la casa y aparecía cada vez que un O´ Brien, descendiente de su asesino, iba a morir.La visita de aquella noche confirmó el presagio ya que a la misma hora en que Lady Ann vio el espectro, el primo de Lady Honora moría en el ala este del castillo.

Pero no todos los aparecidos tienen tan buen aspecto como las deliciosas Banshees.Cuentan que en la abadía de Newstead, en Notthinghamshire, Inglatrerra, vaga el fantasma de un monje horrible que se regodea de las desgracias ajenas.Esta abadía que había sido el priorato de la orden de los agustinos durante 400 años, pasó a manos de la legendaria familia Byron en el siglo XVI.

Enrique VIII se la entregó a los Byron como parte de la incautación que llevó a cabo contra la iglesia católica por que se negaba a anular su matrimonio con Catalina de Aragón.La abadía de Newstead perteneció a los Byron tres siglos y entre sus muros se tramaron no solo leyendas sino grandes obras literarias inspiradas en su particular fantasma.

El propio Lord Byron afirma haber visto al monje sonreír el día de su boda con Annabella Milbanke, que más tarde consideraría el episodio más desgraciado de su vida y alude a él en su Don Juan: “Junto al lecho nupcial de sus señores, se dice revolotea en la noche de bodas en su lecho de muerte. Ha venido pero no para lamentarse”

El último Lord Byron que heredó la abadía de Newstead fue otro poeta libertino, el romántico George Gordon. Amó hasta tal punto la finca y a su espectral inquilino que lo incluyó como fuente de inspiración en todas sus obras y le dedicó una en exclusiva: El monje negro.

Nadie sabe quien fue este monje en vida, pero el alma errante que era su sombra, parecía odiar a los Byron. Se presentaba como una figura envuelta en ropajes negros, cubierta por una capucha y con una malévola sonrisa en su oscuro rostro.

La leyenda afirma que este ser representaba la maldición de la Iglesia católica sobre los usurpadores de sus tierras y por eso se le veía contento cuando un miembro de la familia Byron moría y por el contrario, vagaba con rostro sombrío en las ocasiones felices.

Animas a cuatro patas


No solo los espíritus humanos llaman a las puertas de las que fueron sus casas en vida, tambien los animales de compañía parecen percibir desde ultratumba, el rastro de las pisadas de sus dueños y vuelven para ajustarles las cuentas.

Existe un escalofriante relato vinculado a la casa solariega de Oxenby.

Este edificio de pedernal y contrafuertes de roca gris es tan tenebroso y lúgubre que sus inquilinos lo describen con apreciaciones como esta: “no se diferencia demasiado de una capilla subterránea o un sepulcro”.Una de las últimas propietarias de Oxenby fue la maestra de escuela Jane Hartnoll.Su alumna Elliot O´Donnell recoge en numerosos informes los pormenores de esta leyenda familiar.

La maestra contó que un día mientras caminaba por los nebulosos corredores de la casa, vio como una puerta se abría sola y por ella asomaba la cabeza de un gran gato negro. El animal salió al pasillo y se mostró a Hartnoll que huyó horrorizada ante la visión de su cuerpo mutilado.
La criatura había sido maltratada de forma terrible. Le faltaba un ojo y una de las patas traseras. Maullaba pidiendo ayuda, pero cuando se acercó a la maestra desapareció como si el suelo lo hubiese engullido.

Esa noche el hermano de Jane Hartnoll murió a causa de un accidente.

Pasaron dos años hasta que el gato volvió a hacer acto de presencia. De nuevo en el mismo rincón y otra vez en actitud agonizante. Ese mismo día la madre de la profesora que entonces era solo una niña, murió de apoplejía.

Cuatro años después Jane lo vio de nuevo y su cuerpo ensangrentado fue presagio de la muerte inmediata del cabeza de familia.O´Donnell indagó y entre las muchas historias que rodean la casa Oxenby descubrió la leyenda que explica la presencia de este gato diabólico.

En la casa vivió un muchacho huérfano cuyo padre había sido el dueño de la hacienda. El tutor al que se encomendó la custodia del chico era un hombre ambicioso y despiadado que mató al niño para que su hijo heredase la finca Oxenby.

Pero la crueldad del tutor no tuvo límites y obligó al pobre muchacho a presenciar como antes de que lo mataran, él y su hijo mutilaban y hervían en un puchero al gato que era su mascota preferida.Animales y personas como mensajeros del miedo que permanece agazapado en cada recodo del camino, tras cada puerta y tambien a cada paso.

Algunos viven una eternidad de suplicios tras las paredes que los encierran, en cambio hay otros que llegan del exterior y hacen estremecer no solo los cristales con sus gemidos lastimeros, tambien el suelo bajo el galope de sus monturas. Y sobre todos ellos uno, el Jinete sin cabeza.

El nombre del caballero es Ewen of the Little Head, hijo y heredero de un jefe del clan MacLaine. La relación entre Ewen y su progenitor dejaba mucho que desear y fue empeorando conforme el muchacho crecía. Las hostilidades llegaron hasta tal punto que sus diferencias solo pudieron resolverse en el campo de batalla.

Fue en 1583 cuando padre e hijo se enfrentaron en sangriento combate. Al frente de sus respectivos seguidores batallaron durante horas, pero en un momento del combate, uno de los partidarios del padre asestó un golpe mortal a Ewen. Le cortó la cabeza de un solo tajo.

Desde entonces los miembros del clan escocés de los MacLaine, del distrito de Lochbuie huyen despavoridos ante el sonido del galope de las pezuñas del corcel de Ewen.El especto se aparece de noche y blande la espada sobre las atormentadas ánimas de los descendientes de su casta.

Pero incluso este legendario fantasma tuvo un presagio de su propia muerte.

La víspera del combate se encontró con el Hada Lavandera, un personaje similar a las Banshees Irlandesas y a las Brujas de la Llovizna galesas. Su espantosa labor consistía en lavar durante la noche previa a la batalla, las ropas de los contendientes que morirían al día siguiente.Ewen cabalgaba junto a un riachuelo cuando se cercioró de la presencia del Hada Lavandera. Se acercó y le preguntó si su camisa estaba entre el montón de ropa que estaba lavando.El Hada le dijo que sí, pero que podía evitar la muerte si su mujer le servía mantequilla en el desayuno sin que él lo pidiera.

Pero la mujer de Ewen no incluyó la manteca en el menú y el desafortunado MacLaine se encaminó a la batalla en busca de la muerte. Aunque según parece y vistas las numerosas crónicas de sus cabalgatas post mortem, es posible que en algún lugar del infierno se sirva mantequilla para desayunar.

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