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El mecanismo fantasma de Edison

edison_thumb[6] Ojeando documentación, me reencuentro con Edison y sus motivaciones. Antes de copiaros unas declaraciones que Thomas A. Edison hizo a la revista Scientific American en 1.920, a propósito de su nuevo invento para comunicar con los muertos, permitidme una anotación.
Es costumbre extendida  descontextualizar los hechos o a las personas, para restarles importancia. Hay otra razón que lleva a la gente a deformar conscientemente episodios de la vida y obra de los grandes genios que nos forman como especie, a fin de desacreditarlos,  un motivo simple y primigenio: el miedo.
Los escépticos esgrimen los 73 años de Edison como justificante del delirio que le inclinaba a creer en la vida de ultratumba y a actuar en consecuencia, pero a poco que nos fijemos en la biografía de Thomas caemos en la cuenta de que ya barajaba hipótesis de vida más allá de la muerte desde medio siglo antes.
La primera constancia de que el ingeniero estaba interesado en contactar con espíritus la encontramos en las postrimerías de su primer gran invento: el “fonógrafo”, artilugio vinculado a un hecho que acompaña en segunda línea la biografía de Edison y marca el carácter de su trabajo como ingeniero: la muerte de Nancy Elliott Edison, su madre.
Thomas Edison tenía 24 años cuando su madre murió, seis más tarde el 21 de noviembre de 1877 el “fonógrafo” era presentado en sociedad al son de Mary tenía un corderito”. La canción infantil fue lo primero que reprodujo esta grabadora primitiva y burda que según consta “utiliza un sistema de grabación mecánica analógica en el cual las ondas sonoras son transformadas en vibraciones mecánicas mediante un transductor acústico-mecánico. Estas vibraciones mueven un estilete que labra un surco helicoidal sobre un cilindro de fonógrafo. Para reproducir el sonido se invierte el proceso.
Al principio se utilizaron cilindros de cartón recubiertos de estaño, más tarde de cartón parafinado y, finalmente, de cera sólida. El cilindro de cera, de mayor calidad y durabilidad, se comercializó desde 1889, un año después de que apareciera el gramófono.”
¿Incluyó Edison la posibilidad de que este “reproductor de sonidos grabados” pudiese captar las voces de los muertos? ¿Es cierto que fue el anhelo de volver a oír la voz de su madre lo que lo llevó cincuenta años más tarde a perfeccionar el fonógrafo hasta idear su inconcluso “aparato de fantasmas”?
Según declaró a la revista Scientific American en 1.920 , su única intención era “ construir un aparato que ofrezca a los espíritus, si es que existen, una oportunidad para expresarse más eficaz que las mesas que se inclinan, los golpes, las tablas Oui´jà y los toscos métodos que hasta ahora se consideran los únicos sistemas de comunicación”
En palabras del inventor, el aparato que estaba perfeccionando sería tan sensible que “aumentaría varias veces la más ligera señal que interceptara” a lo que añadió una declaración de principios que rescatamos de la hemeroteca: “Si nuestra personalidad sobrevive, es estrictamente lógico y científico suponer que retiene la memoria, el intelecto y otras facultades y conocimientos que adquirimos en este mundo. Por lo tanto,- continuó Edison- si la personalidad sigue existiendo después de lo que llamamos muerte, resulta razonable deducir que quienes abandonan la Tierra desearían comunicarse con las personas que han dejado aquí.
Me inclino a creer que nuestra personalidad podrá afectar a la materia en el futuro. Entonces, si este razonamiento fuera correcto, y si pudiéramos crear un instrumento tan sensible como para ser afectado, o movido, o manipulado por nuestra personalidad, tal como ésta sobrevive en la otra vida, semejante instrumento, cuando dispongamos de él, tendría que registrar algo.”
Edison murió once años más tarde, el 18 de octubre de 1831 en West Orange, Nueva Jersey y el “aparato de fantasmas” quedó incompleto. Relegado, por el momento, a la categoría de “vergonzoso secreto” o “delirio senil”.
Treinta años después el productor de cine, músico y pintor Friedrich Jürgenson, se encargaría de retomar y probar (de forma accidental) que tal vez Edison tenía razón. Aunque las grabaciones de Jüngerson y Konstantin Raudive son otra historia, no menos interesante, que quizá repasemos un día de estos.
Vuelvo a mis papeles, documentación, una fase del proceso creativo muy, muy solitaria.
Saludos¡¡












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