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Noche de San Juan


La fiesta de la Noche de San Juan, se ha asociado desde siempre al solsticio de verano, sin embargo tanto el hecho astronómico como la carga mágica que supone esta noche crucial, son distintas dependiendo de la latitud en la que nos encontremos. Las costumbres asociadas al 24 de Junio, las motivaciones que impulsan a celebrar el paso a la nueva estación pueden tener origen  agrícola o provenir de profundas creencias religiosas vinculadas a la naturaleza, a los grandes bosques, a los ríos o a los Dioses. 

En cualquier caso, en todas ellas está presente la misma esencia: rendir culto al Sol, transmitirle fuerza para que no decrezca, para que regrese victorioso de su embate con las tinieblas que, a partir de este día, irán restándole horas de luz.

Este simbolismo ancestral, era compartido por pueblos distantes, separados por el océano Atlántico, es el caso, por ejemplo, de los incas en Perú. Los  festivales primordiales del mundo incaico eran dos: elCapac-Raymi (o Año Nuevo) que tenía lugar en diciembre y el Inti-Raymi (o la fiesta del Sol) que se celebraba cada 24 de junio, en la impresionante explanada de Sacsahuamán, muy cerca de Cuzco. 

Justo en el momento de la salida del astro rey, el inca elevaba los brazos y exclamaba: “¡Oh, mi Sol! ¡Oh, mi Sol! Envíanos tu calor, que el frío desaparezca. ¡Oh, mi Sol!” Este gran festival se sigue practicando y representando hoy en día para conmemorar la llegada del solsticio de invierno, con un claro tinte turístico.
Encontramos, vestigios de las fiestas del solsticio de verano, en prácticamente todas las antiguas culturas  del hemisferio norte:

Las fiestas griegas dedicadas al Dios Apolo,  en las que se encendían grandes hogueras de carácter purificador. En los antiguos mitos griegos a los solsticios se les llamaba “puertas” : la “puerta de los hombres”, según estas creencias helénicas, correspondía al solsticio de verano,  en oposición a  “la puerta de los dioses” que accedía al  solsticio de invierno .

Los romanos, por su parte, dedicaron a la diosa de la guerra Minerva unas fiestas con fuegos en las que tenían la costumbre de saltar tres veces sobre las llamas. Ya entonces se atribuían propiedades medicinales a la hierbas recogidas en aquellos días.  Sin olvidar el culto a Jano, el Dios de los portales. Este  era un Dios de dos caras, una opuesta a la otra: una miraba hacia el Solsticio de invierno y otra hacia el Solsticio de Verano, los Solsticios marcaban el momento del año donde las “puertas” al mundo de los Dioses estaban abiertas y la comunicación con ellos era más intensa que nunca, ambos portales hacia el más allá, recibían en la antigua Roma el nombre de los “Juanes”.  Estos eran también conocidos como los “Días del Dios roble”, Dios del año creciente (verano) que caerá por la aparición del Dios acebo "Dios del año menguante”(invierno).


Los antiguos Celtas llamaban Alban Heruin a este festival y su significado primordial era el de celebrar el instante en el que el Sol se hallaba en su máximo esplendor, cuando duraba más tiempo en el cielo y mostraba su máximo poder. Paradójicamente era el día que alcanzaba su mayor plenitud y, al mismo tiempo, el día en que empezaba a decrecer hacia su “casi muerte” en el Solsticio de Invierno. Se encendían hogueras para conmemorar ese poder del Sol y para compartir su fuerza con él, para alabarlo y al mismo tiempo para atraer su bendición sobre hombres, animales y campos. Resulta muy característica la asociación de este festival a las corrientes de amor y a pequeños rituales destinados a obtener pareja o a conservarla.

En Luchon, Pirineos, la víspera del solsticio erigían una columna hueca de unos veinte metros de alta, adornada con follaje verde. A las ocho de la tarde salía hacia ella un procesión, mientras en las colinas de los alrededores encendían hogueras; metían en el interior de la columna todas las serpientes que habían podido reunir, por lo que al quemarla trepaban hasta el extremo superior, hasta que al final morían abrasadas.
En las hogueras del solsticio de estío de la plaza de la Grève, también en París, quemaban una cesta, barril o saco lleno de gatos, o a veces una zorra, que se colgaba en un mástil en medio del fuego. El pueblo recogía después los tizones y cenizas como signo de buena suerte, y el espectáculo era presidido con frecuencia por los reyes, habiendo sido el último Luis XIV, el año 1648.

En Rusia sólo pasaban por el fuego de la hoguera estival a la figura de paja llamada Kupalo, pero al día siguiente la tiraban al río: pasarla por el fuego era hechizo solar, y ahogarla hechizo pluvial.

En Metz quemaban también gatos en las hogueras de San Juan. Y en Gap, Alpes Altos. En Rusia quemaban un gallo blanco. En Meissen y Turingia la cabeza de un caballo. Y en todas estas hogueras se obligaba a saltar a los rebaños sobre el fuego, para preservarlos de enfermedades y brujerías, pues los gatos representaban demonios o brujas. También las serpientes.
Tanto, las efigies o animales que se quemaban en las hogueras del solsticio de verano están relacionadas con el simbolismo religioso que tenían; espíritus de la vegetación antes del cristianismo, y purificación de demonios, hechiceros y brujas después. 

Supersticiones 

El miedo ancestral a que la oscuridad prevalezca, ha hecho que los seres humanos ideen todo tipo de tretas para mantener, en sentido literal o metafórico, la luz encendida.   

Dicen que durante la noche de San Juan, las puertas del infierno se abren de nuevo ( como ocurre también entre el 1 y el 3 de noviembre) y durante unas horas los espíritus maléficos,demonios, trasgos y todo tipo de criaturas de las tinieblas pululan nuestras calles y campos, imbuyendo de poderes mágicos gran número de hierbas, árboles, riachuelos y aguas estancadas. 
La intención primordial de esta horda demoniaca es robarle la luz al Sol, sumirnos en pesadumbre, adelantar el invierno y el frío. Por eso encendemos hogueras, para avivar el fuego y la luz redentora. 

Al abrigo de esta certeza han nacido incalculables prácticas populares cuya finalidad es atraer la suerte, alejar a los malos espíritus y, de paso, cumplir nuestros deseos. Estos son algunas de las prácticas más populares:

  • En la mañana, muy temprano la gente se lava el pelo y la cara con las aguas bendecidas y llama tres veces consecutivas: -¡San Juan!, ¡San Juan!, dame milcao (guiso de papas con manteca) yo te daré pan.
  • La joven que sale al amanecer y se encuentra con un perro, tendrá un marido  vago.
  • Si al salir, después de las 12, se encuentra con un gato negro es mala suerte para el futuro, felicidad si el gato es de otro color.
  • Si a medianoche se hace una cruz en los árboles, producirán el doble.
  • Si a las 12, mira la luna y después una higuera, la verás florecer.
  • La higuera y el “pesebre” (helecho) florecen esta noche. Quien posea una de estas flores será muy afortunado.
  • Quien vea florecer la hierbabuena esta noche será muy afortunado siempre que lo mantenga en secreto.
  • En la víspera se planta la flor de la hortensia, en un tarro con tierra y agua. Luego se le hace un pedido poniendo fe en el bautismo de San Juan.
  • Hay que lavarse las manos con agua de manantial para mantenerse joven y el cabello para conservarlo hermoso. Esa noche las aguas están benditas por el Bautista.
  • Cuando llueve esa noche o al día siguiente, va a haber abundancia de manzanas.
  • Antes de la salida del sol hay que regar los árboles con agua de manantial, para que den bastante fruta durante el año.
  • Para tener buena siembra hay que tirar un pedazo de vela la noche de San Juan.
  • Para aprender a tocar guitarra hay que colocarse durante esta noche bajo una higuera

El Hecho astronómico



Los solsticios son aquellos momentos del año en los que el Sol llega a su máxima posición meridional o boreal, es decir, una máxima declinación norte (+23º 27') y máxima declinación sur (-23º 27') con respecto al ecuador terrestre.

Solsticio es un término astronómico relacionado con la posición del Sol en el ecuador celeste. El nombre proviene del latín solstitium (sol sistere o sol quieto). Ocurre regularmente alrededor del 21 de junio y es llamado de verano en el Hemisferio Norte o de invierno en el Hemisferio Sur

En el solsticio de verano del hemisferio Norte el Sol alcanza el cenit al mediodía sobre el Trópico de Cáncer y en el solsticio de invierno alcanza el cenit al mediodía sobre el Trópico de Capricornio. Ocurre dos veces por año: el 20 ó 21 de junio y el 22 ó 23 de diciembre, A lo largo del año la posición del Sol vista desde la Tierra se mueve hacia el Norte y el Sur. La existencia de los solsticios está provocada por la inclinación del eje de la Tierra sobre el plano de su órbita.

En los días de solsticio, la duración del día y la latitud del Sol al mediodía son máximas (en el solsticio de verano) y mínimas (en el solsticio de invierno) comparadas con cualquier otro día del año. Las fechas de los solsticios son idénticas al paso astronómico de la primavera al verano y del otoño al invierno en zonas templadas. Las fechas del solsticio de invierno y del solsticio de verano están cambiadas para ambos hemisferios. Cuando en uno es verano, en otro es invierno.


Curiosidades Astronómicas del solsticio

  • El día del solsticio de Junio es el día más largo del año en el hemisferio Norte, y el más corto en el hemisferio Sur.
  • En el Polo Norte el sol circula el cielo a una altitud constante de 23°.
  • En el Círculo Polar Ártico el centro del Sol solamente toca el horizonte del Norte sin ponerse. Es el único día en que el sol se mantiene sobre el horizonte durante 24 horas.
  • En el Círculo polar antártico el centro del Sol solamente toca el horizonte del Norte sin salir. Es el único día en que el sol se mantiene bajo el horizonte durante 24 horas.
  • En el polo Sur el sol nunca sale, siempre se mantiene a 23° bajo del horizonte.


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