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23 de abril



Dice Herman Melville en Moby Dick: “Aunque en muchos aspectos este mundo visible parece concebido con amor, las esferas invisibles se concibieron con miedo” no es una suposición, es una certeza que en algunos casos se pone de manifiesto desde la cuna. 
La inclinación a elucubrar, a mirar detrás, a escrutar el cielo nocturno, a buscar debajo, a preguntarlo todo, hace que, sin remedio, la vida se convierta en una lluvia de dardos de la que ninguno sale indemne. Menos, quienes por su concepción del universo, amor a la ciencia, al misterio y a las palabras, son permeables a todo tipo de sensaciones y nacen desguarnecidos, señalados, distintos para el res to del mundo.
No muchos saben que Lovecraft se nutría de convulsos y prolíficos sueños para argumentar los relatos que lo han convertido en el grande entre los grandes. Lovecraft es, en palabras de Fritz Leiber “el Copérnico del relato de horror. Desplazó el foco del temor sobrenatural del hombre y su pequeño mundo y sus dioses, a las estrellas y a los negros e insondables abismos del espacio intergaláctico.” En esta celebración de los libros quiero recordar especialmente a Lovecraft y también a Arthur Gordon Pym. Sin saberlo, la más extraña e inquietante historia de Poe, ha sido una de las piedras fundamentales de mi formación literaria. Desde la infancia me he visto arrastrada al océano helado por todos los que se obsesionaron con el nieto de Mr Peterson: Julio Verne, Stevenson y el propio Lovecraft.


He heredado su angustia existencial, inasequible al desaliento, calada hasta los huesos de la opresiva necesidad de seguir braceando en la oscuridad, hacia mar abierto: “En toda historia de simple daño o peligro, ni aun de los supuestos más sencillos pueden deducirse consecuencias exactas en este o en aquel sentido. Acaso se creerá que una catástrofe como la que acabo de referir debía sofocar mi naciente pasión por el mar; al contrario, nunca experimenté tan ardiente deseo de correr las extrañas aventuras de la vida de un navegante, como una semana después de nuestra milagrosa salvación. Este corto espacio de tiempo bastó y sobró para borrar de mi memoria todos los accidentes tenebrosos y para el iluminar el lado pintoresco de nuestra arriesgada aventura.”(Aventuras de Arthur Gordon Pym- Edgar Allan Poe)
Sueño y leo con avidez, también escribo, mucho, sobre todo para otros. Durante esta última década devastadora me he acercado más al concepto vital lovecrafiano, tan bien resumido al comienzo de “Arthur Jermyn”: La vida es algo horrible y, por debajo de los antecedentes que de ella conocemos, asoman indicios demoníacos que a veces la hacen mil veces más horrible. Sin embargo vuelvo una y otra vez a sobrevolar este mundo abyecto y sin sentido, regreso en sueños a los lugares conocidos, a los sumideros por los que me deslizo hasta el futuro pre-visto, a todo aquello que me devuelve la identidad, la voz y las palabras escritas.
Confío en que mis nuevos textos muy pronto verán la luz. Tengo ofertas, pero todavía no es el momento, ahora he de preparar temarios y enseñar a otros lo que sé. Es posible que sea una norma no escrita, una inercia vital a la que nos vemos abocados tarde o temprano, pero tengo la oportunidad de transmitir lo que he aprendido, y la atención de otras personas que quieren recibirlo. Un privilegio que no pienso desaprovechar.

Os deseo un extraordinario 23 de abril, leed mucho y sed felices.

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